Cajón 27

 



Homeless junto a la City Lights Books Sellers & Publishers
Foto: Juan Rodríguez de Tembleque (San Francisco, 2015)

 

Arte urbano. Foto: Juan Rodríguez de Tembleque
(San Francisco, 2015). A Marta

 


Arte urbano. Foto: Juan Rodríguez de Tembleque
(San Francisco, 2015)

 

 

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Lámparas 1 y 2, y mesa. Café Vesuvio, San Francisco.
Fotos: Juan Rodríguez de Tembleque, 2015



Café Vesuvio. Foto: Juan Rodríguez de Tembleque
(San Francisco, 2015). A Chano



Café Vesuvio, San Francisco. Detalles del mural.
Fotos: Juan Rodríguez de Tembleque, 2015



Autoespejismo. Foto: Juan Rodríguez de Tembleque
(San Francisco, 2015)

 


Arte urbano. Foto: Juan Rodríguez de Tembleque
(San Fracisco, 2015)

 


Arte urbano. Fotos: Juan Rodríguez de Tembleque
(San Francisco, 2016)

 


Foto: Juan Rodríguez de Tembleque
(San Francisco, 2016)

 


Foto: Juan Rodríguez de Tembleque
(San Francisco, 2016). A Carmen

 


Arte urbano. Centro de Mujeres. Mision, San Francisco


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Fotos: Juan Rodríguez de Tembleque, 2015
(San Francisco, Misión, Centro de Mujeres)


 

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Fotos: Juan Rodríguez de Tembleque, 2015
(San Francisco, Misión, Centro de Mujeres)


 

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Fotos: Juan Rodríguez de Tembleque, 2015
(San Francisco, Misión, Centro de Mujeres)




Foto: Juan Rodríguez de Tembleque, 2015
(San Francisco, Misión, Centro de Mujeres)

 

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Fotos: Juan Rodríguez de Tembleque, 2015
(San Francisco, Misión, Centro de Mujeres)

 


Foto: Juan Rodríguez de Tembleque, 2015
(San Francisco, Misión, Centro de Mujeres)

 

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Fotos: Juan Rodríguez de Tembleque, 2015
(San Francisco, Misión, Centro de Mujeres)

 


Centro de Mujeres, Misión, San Franciso. Maestrapeace Artworks. Pintores:
Juana Alicia, Miranda Bergman, Susan Cervantes, Hasina Johmnson.
Fotos: Juan Rodríguez de Tembleque, 2015

 

 


Lo único importante es la vida, tal cual, natural.
El arte y la política, aislados del impulso,
son abstracciones de mercaderes que negocian
con la vida, lo bruto y el ritmo universal incesante.

La felicidad –la única, la verdadera, la posible-
puede estar encerrada en un guisante whitmaniano
o ser contrahecha y faltarle un ojo.

Quizás la felicidad posible es irremediablemente efímera
-contemplación momentánea del sol tuerto de luna
o del mar eternamente ensimismado en una playa
o en el recuerdo- tesón subterráneo que alimenta
nuestra base anímica, lo cotidiano.

Lo bellísimo en apariencia, lo mil veces deseado
y atractivo puede que renquee de una pata,
esté falto de sabia o sea estatua.

No obstante hay algo cierto, tan sin duda como la muerte.
Nadie está exento de lo imprevisto, y la cagada
de la paloma impertérrita acecha a todos por igual
desde los aleros, aunándonos en una misma maldición
sin distinción.

Es el gran consuelo del pordiosero y del desahuciado,
el carisma salvador del mundo.
Los dados o el destino, la materia y antimateria,
las contradicciones y los hados poco importan.
Todos estamos pendientes de un hilo
-sin conciencia ni redes- ignorantes del abismo
que nos rodea, situándonos, cada vez más vertiginosamente,
en posiciones privilegiadas desde donde poder divisar
un cúmulo de impotencias.

¿Y si estamos solos? Si no hay ni dios ni hacia dentro
ni hacia fuera, ni abajo ni arriba, ni en lo sublime
ni en lo evidente, ni tan siquiera en lo diminuto oscilante.
Si estamos solos desde siempre y por siempre.

Si bajo cualquier perspectiva el ser humano
es una broma eterna sin gracia terrenal,
¿a qué tanto dividir la materia,
tanto afán por prolongarse a otros mundos?
Es hacer científica e inevitablemente el ridículo.

"Monólogo existencial (todos por igual)"
Juan Rodríguez de Tembleque,
enero de 1985

 

 

 

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